lunes, 27 de marzo de 2017

Nuestro deseo enjaulado que esa noche pudo hacerse realidad. Eras vos, eras ese hombre por el que me desvele más de una noche teniéndolo a pasos de distancia. Era tu forma de reír y sobresalir, la de llamar mi atención cada vez que nos encontrábamos frente a frente sin saber que cruzaba por tu mente. Fue tu mano la que esa noche me guió hacia vos. Donde la distancia de esas habitaciones se acortó y me acercaste tanto que dolió. 
El fuego en tus ojos mirándome fijamente, ardiendo a cada instante, confirmando la imagen que rondó por mi cabeza tantas noches de soledad. Tu cuerpo emanaba pasión. Podía sentir tu respiración, la cercanía de tu boca era una llamada peligrosa a la cual accedí casi sin dudarlo, como un espasmo incontrolable que salió de mi cuerpo para encontrarnos finalmente. No pude dejar de besarte. Y ese fue el instante en que todo se desató. 
Tus manos que nunca imagine tan fuertes, la manera de sujetarme tan firme mientras me besabas con la intensidad que siempre soñé. Tus dientes... Tus poderosas marcas. El cuerpo que no me cansé de recorrer. Las sonrisas cómplices, los gemidos...tu nombre en cada uno de ellos. Lo salvaje, profundo y excitante de nuestro encuentro. Años desatados en esa cama. Tu rostro como nunca lo vi y tanto imaginé. 

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